BLOG DE RAFA PARRA SOLER

De vocación, poeta, ensayista y dramaturgo.











martes, 10 de noviembre de 2009

Diario de un opositor: segunda parte

Hoy es martes, y me toca exponer el viernes. Por tanto, quedan tres días para que llegue el momento de defender mi unidad didáctica. Creo que estoy preparado. Sólo me queda ensayar la exposición oral.

Qué ganas tengo de que todo pase y de estar preparado para lograr mis objetivos. Si me djieran ahora mismo que el examen es dentro de tres meses, me llevaría un alegrón.

domingo, 8 de noviembre de 2009

¡Feliz cumpleaños, amor mío!

Toda mi vida

acaba de cumplir veintiséis años.

Por tanto, me felicito a mí mismo.

Por cierto: yo tengo veintiocho.

TE QUIERO CON TODA MI ALMA Y CON TODAS MIS FUERZAS, LAURA LÓPEZ BENÍTEZ.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Un verso de Jorge Guillén

"Soñaba la verdad con otra vida."

La primera vez que leí Cántico, en la Facultad, este verso es casi lo único que me gustó de todo el conjunto poético del autor vallisoletano. Tanta plenitud, tanta perfección, "beato sillón" y "vaso de agua" incluidos, además de un estilo demasiado nominal (excesiva ausencia de verbos), me parecieron elementos que se alejaban demasiado de la lírica que a mí más me gustaba.

La excepción a todo ello fue el verso que protagoniza estas reflexiones. Se trata de una expresión que contiene básicamente todos los elementos que un buen poema tiene que tener para mi gusto: en primer lugar, el molde endecasilábico casa muy bien con el tono de solemne resignación de lo que se quiere expresar (la vida no ha resultado ser como cabría esperar de la verdad, supuestamente considerada esta última como el ideal de libertad, igualdad y fraternidad, por definirla en términos liberales). En segundo lugar, no falta ningún elemento desde el punto de vista sintáctico (sujeto, verbo y complemento), si bien dicha estructura se encuentra poéticamente manipulada por el recurso retórico del hipérbaton (en este caso, verbo: "soñaba" , sujeto: "la verdad" y complemento: "con otra vida"). Y, en tercer lugar, la sencillez del contenido que, en consonancia con el molde métrico elegido, como se ha mencionado antes, contribuye a la naturalidad, transparencia, verosimilitud y, sobre todo, a la sinceridad del mencionado verso, frente a todos los demás poemas de Jorge Guillén, que, con todo ese contenido trascendental y vitalista vertido en unos versos tan cortantes (heptasílabos u octosílabos agurpados en décimas), no termina uno de creérselos (al menos yo) y de tomarse en serio la actitud que lleva al poeta a expresarse de esa manera.

Espero que nuevas lecturas de la obra guilleniana me hagan cambiar de opinión sobre la manera de ver la vida del poeta y sobre lo que impulsaba a éste a emplear su particular estilo para expresarla.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Lección de humanidad

De ahora en adelante trataré de ser más humilde y menos pretencioso, más discreto y menos grandilocuente. A partir de ahora intentaré aprender un poquito de la gente que me rodea, de mis amigos, de mi novia y de mis seres queridos. No se es bueno en algo porque lo digan los demás, sino porque uno mismo lo sabe, porque conoce sus destrezas y sus capacidades, porque trabaja cada día por mejorar. La discreción es la virtud del sabio, y la madurez ya la serenidad son sus actitudes.

Con esto no pretendo decir que yo no sea una buena persona. Sencillamente, soy consciente de todo lo que me queda por aprender, asimilar y madurar, y digo todo esto estando al borde de la treintena de años. Y, como tampoco va a ser todo una lista de defectos, aquí viene una retahíla de virtudes: para empezar, soy una persona propensa a sentir admiración por quienes me rodean, lo cual me hace ser muy receptivo ante cualquier cosa que pueda aprender de los demás. En segundo lugar, creo que me conozco mejor que nadie y soy el primero en reconocer mis propios defectos, en relación a lo cual suelo alcanzar unos niveles de objetividad bastante considerables. Por poner un ejemplo: no me importa reconocer que soy una persona que siempre ha necesitado ayuda. Y quien no la necesite, que tire la primera piedra. Siguiendo con lo mismo, no sé si puedo decir que nadie me ha regalado nada en la vida, porque creo que no es verdad. Todos necesitamos algún empujoncito en algún momento a lo largo de nuestra existencia. Y repito lo dicho: quien esté libre de la tara, que alce la voz, porque aquí tiene un admirador. Con esto no trato de justificarme. Simplemente exhibo mis defectos y mis virtudes con naturalidad.

El caso es que se puede aprender mucho de los demás si uno reconoce que no es perfecto. Y yo he aprendido mucho esta semana de dos personas: Laura, mi novia, y Alejandro Gamero, mi amigo poeta.

Gracias a los dos.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Diario de un opositor: primera parte

Hoy he comenzado a prepararme la defensa de la unidad didáctica nº 2, que trata del texto literario. Ya me estoy elaborando un esquema en el que voy anotando lo más importante y lo que voy a escribir en la pizarra. Lo cierto es que casi todo el desarrollo de la unidad, sobre el papel, es pura obviedad, tanto lo referente a los contenidos como los objetivos de área y de etapa, con sus correspondientes fundamentaciones legislativas (los archimencionados Real Decreto 1631/ 2006, para toda España, y Decreto 231/ 2007, para la Comunidad Autónoma de Andalucía).

Es algo evidente el hecho de que la literatura se enseña y se aprende con la lectura y el análisis de textos literarios. También es evidente que para desempeñar esa labor son necesarias determinadas técnicas, y según el tipo de texto que se analice (no es lo mismo un poema que un cuento o una obra de teatro). Y casi tan evidente como lo anterior es la metodología y secuenciación de contenidos tipificados en las leyes (evaluación de conocimientos previos- para fomentar el aprendizaje significativo-, actividades de refuerzo, ampliación.etc, todo ello basado en el libro de texto, en el uso de la pizarra y los espacios del aula, la disposición de los pupitres, las TIC, etc.).

Frente a todos estos elementos comunes, que, a la tercera o cuarta exposición oral, ya se han convertido en materia de aburrimiento y hastío para los miembros de un tribunal, se alza, de vez en cuando, la originalidad y brillantez de un opositor que sabe manejar los gestos, las miradas, los movimientos y el tono de voz. Un opositor que sabe exactamente qué tiene que escribir en la pizarra y cuándo hacerlo, así como qué tiene que borrar y cuándo tiene que hacerlo, bien para escribir un dato más importante que el anterior, o para que lo que había escrito hace cinco minutos no le comprometa ante el tribunal en forma de alguna pregunta que el opositor en cuestión no esté preparado para responder y tenga que improvisar.

El problema es que cada vez resulta más difícil resultar original, porque lo poco que queda por decir, crear, plantear o como queramos llamarlo, si es que algo queda, se le puede ocurrir a otro en lugar de a uno mismo, y esa ocurrencia genial de última hora puede ser decisiva para conseguir hacerse con la tan deseada plaza de funcionario.

En cualquier caso, la originalidad es la clave del éxito en una oposición de esta clase, y yo voy a intentar ser original para lograr el éxito. Si algo tengo a mi favor, es que no tengo miedo. Al contrario: estoy deseando salir a la pizarra y demostrar a mis rivales lo que valgo.

martes, 3 de noviembre de 2009

Un relectura

Hoy he concluido la relectura de La Colmena, de Camilo José Cela. Estructuralmente, me recuerda a obras como El Giocondo de Francisco Umbral o La novela de un literato de Rafael Cansinos Asséns. Se trata de novelas que no tienen una línea argumental convencional (en el caso de la última de las mencionadas, hay que aclarar que ni siquiera es una novela, sino un libro de memorias). Son obras de carácter coral, plagadas de personajes, algunos de ellos con mayor protagonismo que los demás (Martín Marco en lo referente a la novela de Cela, por ejemplo). No están articuladas, por tanto, en forma de introducción, nudo y desenlace, con su inicio, su desarrollo y su final correspondientes, sino que su finalidad es plasmar un estado de cosas lo bastante complejo como para desarrollar sus pormenores, pero no de manera lineal, sino paralela, ya que se trata de varias historias simultáneas, partiendo, además, del modo in media res.

En mi opinión, La Colmena, más que una novela, es un fidelísimo y entrañable retrato de la miseria reinante en la España de la inmediata posguerra (años cuarenta) cuyos protagonistas se refugian en hábitos banales como fumar (el tabaco es un elemento a lo largo de las casi trescientas páginas del libro) o practicar sexo, ya sea por placer o por necesidad ( uno de los personajes femeninos decide prostituirse para reunir dinero y poder curar la enfermedad de su novio, postrado en la cama).

Camilo José Cela tiene la destreza y la habilidad para convertir todo lo sórdido de aquella època (que, en aquella época, sórdido era casi todo), en algo entrañable y patético, digno del cariño y la compasión del lector. Lo que, en otras circunstancias, o en la pluma de otro escritor podría causar repugnancia y rechazo, en Cela se hace querer y respetar. Y esto ocurre con cuaquier detalle de cualquier descripción de la novela, desde lo más importante hasta lo más banal. Las muelas cariadas de una señora que se dispone a meterse en la cama con su marido o las colillas de su cuñado que Martín Marco se guarda para fumárselas porque no tiene dinero para tabaco; la extremada indigencia en que vive un niño gitano que se dedica a cantar coplillas para recaudar lismosnas... Todo vale para reflejar la miseria de aquellos años, en este caso, además, teñido, como hemos señalado, de esa entrañable atmósfera de humildad y obligada conformidad con el tiempo que les ha tocado vivir por parte de unos personajes, algunos de los cuales se resignan y se conforman con lo que tienen, y algunos otros se aferran a una esperanza o una ilusión a la que agarrarse hasta poder salir del hoyo, algo que acabarán por conseguir o no. Eso no lo sabemos. Pero su creador nos hace amar a sus personajes lo suficiente como para desearles que lo consigan, que superen la mala racha y lleguen a ser felices cuanto antes.

La Colmena, considerada desde los tiempos que vivimos, nos hace reflexionar tan hondamente como para situarnos en una perspectiva desde la cual dar gracias por todo lo que tenemos, que, en nuestra sociedad capitalista y consumista, es algo que cada vez valoramos menos, ya que importa menos lo que hemos conseguido que lo que no hemos conseguido, porque la codicia es la actitud que mueve los hilos del sistema.

Creo que la novela de Cela es un alegato a favor de la humildad, la gratitud y, sobre todo, de la absoluta relatividad de las cosas materiales como brillante ejemplo de que no es rico o feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.

lunes, 2 de noviembre de 2009

De vuelta

Aquí estoy de nuevo disponiéndome a escribir unas líneas sólo por el placer de escribir, aunque no se me ocurra nada de qué hablar, si bien, no me faltan temas (lecturas, oposiciones, el fin de semana que acabo de pasar en Chipiona con Laura, Rosita y Ale...). El caso es ejercitarme en la tarea de la escritura al menos durante media hora diaria, tanto de cara al examen de oposición como por razones vocacionales.

Quiero empezar una novela sobre el escultor August Rodin, y, más específicamente hablando, en relación con su obra más conocida: El Pensador. Mi intención es introducirme en la mente de un artista plástico que crea, de la nada, una figura en la que se refleja una forma de ver el mundo. Me interesa mucho recrear, en términos de ficción, claro está, cómo una idea es concebida en la mente y traspasada al cincel para que éste imprima belleza sobre materia inerte y amorfa. Y quiero recrear todo esto de forma lírica y filosófica, porque creo que el asunto da mucho juego a mis intenciones. Sería como escribir un poema en prosa sobre la obra de Rodin. Creo que la idea es hermosa. Ahora falta ponerse a desarrollarla. Seguramente empezaré con unos apuntes que contendrán el esquema básico de la novela. Para empezar, ya tengo pensada la forma narrativa: un diario. Se tratará de las anotaciones que el escultor francés tome antes, durante y después de finalizada su estatua.

Es curioso: al final no he acabado hablando ni de libros, ni de oposiciones ni del fin de semana en Chipiona, sino de un proyecto literario. Y, ¿por qué ha sucedido esto? Pues ha sucedido porque, al término del primer párrafo de la presente entrada, se me ha venido a la cabeza ese pensamiento (la ¿futura?novela) y he abandonado los pensamientos anteriores, aquellos de los cuales supuestamente iba a escribir a continuación. Pero no ha ocurrido así, sino de la otra forma. Y es que la mente tiene estas cosas y funciona así. Como en una conversación, se empieza hablando de un asunto y se acaba hablando de mil cosas que no tienen nada que ver con el motivo que hizo encender la mecha de la comunicación. Y a mí, ahora, me ha pasado lo mismo. Ha sido como dejarme llevar sin más por el mero hecho de escribir por escribir, simple y llanamente para llenar líneas, renglones y párrafos, en una suerte de divagación metalingüística en forma de flujo de conciencia, a la manera de los grandes novelistas occidentales de principios del siglo veinte (Joyce, Faulkner, etc.), pero, en mi caso, con signos de puntuación y cierta coherencia en la redacción, de manera que, si alguien se toma la molestia de leer este texto, podrá extraer de su contenido una unidad temática y un resumen.

El caso es que quería escribir y estoy escribiendo, y llevo ya unos cuantos párrafos bastante abundantes, aunque, desde que escribí la primera letra hasta este punto, no haya dicho absolutamente nada importante y todo sean obviedades para hacer de relleno, algo así como los ripios de un poema mediocre.

El caso, mi querido lector, es escribir. Y lo estoy consiguiendo. Y me gusta, me gusta mucho. El ejercicio de las palabras es algo maravilloso.

Lo he conseguido.