BLOG DE RAFA PARRA SOLER

De vocación, poeta, ensayista y dramaturgo.











miércoles, 1 de septiembre de 2010

Que se lo digan a Reinaldo Arenas

Que le digan ahora que Fidel Castro, en un ejercicio de autocrítica que ciertamente le honra, pero que no le exime de culpabilidad, ha reconocido que durante los comienzos de la Revolución cubana se persiguió injustamente a los homosexuales. Que le cuenten al poeta lo arrepentido que está el comandante de las torturas que le hizo sufrir y de las humillaciones y vejaciones que le hizo padecer sólo porque su orientación sexual era distinta. Que se atreva Fidel Castro a pedir perdón por tanto sufrimiento provocado a tantas personas que lo único que querían era que se les dejara vivir en paz.

Reinaldo Arenas fue un escritor homosexual que lleva veinte años muerto, con lo cual no ha podido leer o escuchar las palabras de arrepentimiento del líder cubano sobre la cuestión. La figura humana e intelectual de Arenas constituye un aleccionador ejemplo sobre el fraude manifiesto de una autodenominada revolución que hace muchos años dejó de ser digna de dicha expresión para pasar a convertirse en instrumento retórico y propagandístico encubridor de una dictadura pura y simple.

El autor de El mundo alucinante acogió con esperanza la caída del gobierno de Batista en lo que supuso el primer acto de auténtica soberanía del pueblo cubano, que había perdido su independencia en el siglo XV con la conquista española. Sin embargo, lo que parecía ser el comienzo de una nación independiente, libre de las garras capitalistas de los EEUU y, sobre todo, democrática, terminó siendo, en gran medida por culpa del contexto geopolítico de la Guerra Fría, un satélite de la Unión Soviética, con su régimen de partido único y su carrera armamentística correspondiente (recordemos la crisis de los misiles), y donde la aplicación de los más nobles y puros principios del marxismo (nacionalización de los medios de producción, supresión de las diferencias sociales, etc.) fue sustituida por la doctrina leninista, que hizo de la revolución cubana, como de todas las demás que han sido guiadas por esta doctrina, un fin en sí mismo para perpetuar en el poder a los héroes de Sierra Maestra, en lugar de ser lo que debió ser: un medio para combatir el capitalismo yankie y entregar al pueblo cubano lo que le pertenecía por derecho- la soberanía y las riquezas del país-.

Que Castro venga ahora reconociendo las injusticias que cometió con los homosexuales hace cincuenta años tiene la misma validez que Aznar cuando reconoció que en Irak no había armas de destrucción masiva. Es decir, ninguna, porque el daño ya está hecho y, en ambos casos, es irreparable.

4 comentarios:

  1. I'm appreciate your writing style.Please keep on working hard.^^

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  2. Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena; pero esta vez sí que lo ha sido un poco.

    Hay pocas cosas que yo he criticado y critico de Fidel Castro, como tú muy bien sabes; pues bien, ésta es una de ellas. Está bien que, a la vejez, se haya arrepentido de lo que le hizo pasar tanto a Arenas como al resto de los homosexuales (porque yo pienso que de verdad se ha arrepentido), pero después de tantos años estoy de acuerdo contigo en que eso no vale. En este tema Fidel se llevó muchos años metiendo la pata hasta el fondo, y un simple reconocimiento público no es suficiente.

    Eso sí, para comparar esto con lo de Aznar y las armas de destrucción masiva me falta ver si Fidel lo ha dicho prácticamente descojonándose tal y como hizo Aznar su confesión.

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  3. Nunca es tarde si...sí que es tarde. Si en el día x piensas de manera x, es tarde si en el día y piensas de manera y. El daño ya está hecho, y el pensamiento y la palabra son algunas de las armas más destructivas.

    Es fácil arrepentirsde en la distancia espacio-temporal.

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